TRASCENDENCIA DEL MES DE AGOSTO E INCAPACIDAD PARA GOBERNAR

TRASCENDENCIA DEL MES DE AGOSTO E INCAPACIDAD PARA GOBERNAR por Gustavo Palacio Urrutia

La heroica marcha por la Vida y la Dignidad, iniciada en el Pangui, en la Cordillera del Cóndor, llegará pronto a Quito, donde coincidirá con el levantamiento del movimiento indígena y el paro nacional de los trabajadores.

Tanto en Quito como en muchas ciudades del país se anuncian adhesiones de diversos gremios, así como apoyos de ciudadanos de los sectores populares y de la clase media, que se unen a la lucha contra la dictadura correísta.

De los resultados de la protesta social que se concentrará en Quito, el 13 de agosto, dependerá la suerte del Ecuador.

Son varios los aspectos de significación y trascendencia que estas expresiones de rebeldía y lucha tienen para el futuro del país:

En primer lugar se trata de la posibilidad real de poner término a un proyecto de orientación totalitaria de más de ocho años, sin precedentes en nuestra historia moderna, lo cual tendrá gran repercusión a nivel regional e internacional. Recordemos que anteriormente, cualquiera que hubiera sido el partido gobernante, se respetaba la conformación del tribunal electoral de carácter multipardista, y no existían pretensiones de oportunistas de cambiar la constitución para permanecer de manera indefinida en el poder.

Por otro lado, se trata de acabar con un régimen mafioso y corrupto, también sin precedentes en nuestra  historia, compuesto de políticos reciclados de la vieja y nueva partidocracia, que combina la propaganda masiva con la compra de conciencias, el clientelismo, el corporativismo estatal, la coerción y el chantaje para la consecución de sus fines políticos. Régimen que ha destruido la institucionalidad democrática y que amenaza con una debacle económica de inusitadas proporciones.

Finalmente, y tal vez lo más importante, se lucha para poner fin a un gobierno dedicado a satisfacer los intereses, ocurrencias y caprichos de un individuo que está evidentemente trastornado sicológicamente, que no es capaz de ver la realidad y tomar decisiones de manera estable, pensando en el bien común, con el que resulta imposible dialogar o construir consensos. Condición anómala que lo convierte en un peligro para el país y lo incapacita para gobernar.  Visión que estimo comparte un gran número de ecuatorianos.

Una  paradoja en la historia de la vida política del país si consideramos todos los presidentes que han sido caracterizados como “locos” y que recibieron la aclamación popular así como su posterior rechazo, y que en el caso particular de Abdalá Bucaram terminó con su destitución por decisión del Congreso Nacional que lo declaró “incapacitado mental para gobernar”.

La dura realidad del momento presente que vivimos, en comparación con los casos del “folclor” populista del pasado, ausente en la mayoría de los análisis políticos de coyuntura, es que en esta ocasión el caudillo populista y Jefe de Estado, Rafael Correa, convertido ahora en dictador, está claramente  perturbado (hecho igualmente sin precedentes), con síntomas preocupantes: delirios de grandeza y persecución, paranoia, interpretación antojadiza de la realidad, cambios bruscos de comportamiento, conducta violenta, aislamiento, deterioro de las emociones, etc. Cuadro que según los expertos, de comprobarse mediante el examen clínico respectivo, podría considerarse como un caso de esquizofrenia o de bipolaridad.

Desorden psíquico que me temo ya se ha evidenciado de manera fehaciente a lo largo de ocho años en un discurso megalómano, mesiánico, intolerante, cáustico, que denigra la identidad de los ecuatorianos. Trastorno también reflejado en contradictorias políticas públicas, que mantienen al país en la pobreza y subdesarrollo (lo que Correa cataloga como el «Milagro Ecuatoriano»), en el continuo despilfarro de los recursos del Estado para satisfacer un ego insaciable,  conjuntamente con una actitud prepotente y agresiva del caudillo en el ejercicio diario del poder, que atenta contra la constitución y los derechos fundamentales de los ciudadanos, incluso cuando se trata de personas comunes sin ninguna afiliación política. Para nadie es un secreto además que los problemas sicológicos de Rafael Correa no son nuevos, y que existen infinidad de testimonios, de sus propios familiares y amigos, sobre su comportamiento irritable, su ego y ambición desmedidos, su afán de competencia enfermiza, su violencia incontenible, sus rencores y conflictividad social durante su infancia, juventud, edad madura, hasta el presente.

Conducta que los encargados de la propaganda gubernamental tratan de maquillar aduciendo cínicamente que se trata del “estilo confrontativo” de su líder y de supuestos “códigos” regionales incomprendidos. Actitud violenta y represiva que se ha convertido en política de Estado, de corte fascista, impartida por los hombres de confianza de Correa a través de los distintos ministerios.

Es por ello que los acontecimientos del presente mes de agosto acarrean una importancia histórica enorme para los destinos del país. O dejamos que nuestro querido Ecuador continúe siendo destruido en su institucionalidad democrática y su economía, dejando endeudadas a las futuras generaciones, para saciar las ansias de grandeza de un tirano que luce seriamente alterado (capaz de intentar manipular a las Fuerzas Armadas, generar violencia y propiciar incluso un autogolpe para victimizarse) o apoyamos de manera solidaria la lucha liderada por los movimientos sociales y ciudadanos por la democracia y la libertad, lo que nos permitirá  encausar al país, en base a consensos, por una senda de desarrollo.

La encrucijada planteada no permite elección. Nuestro deber como ecuatorianos es unimos para recuperar la Patria y la democracia secuestradas. No hacerlo nos convertiría en cómplices de uno de los gobiernos más ignominiosos de la historia del Ecuador.

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ANALISIS CRITICO DEL DISCURSO CORREISTA Y CRISIS DE IDENTIDAD NACIONAL por Gustavo Palacio Urrutia

ANALISIS CRITICO DEL DISCURSO CORREISTA Y CRISIS DE IDENTIDAD NACIONAL

Un buen número de historiadores y sociólogos coinciden en señalar que una de las tareas fallidas y/o inconclusas de los Estados Latinoamericanos ha sido la creación y formación de una identidad nacional, necesaria para  alcanzar la “Modernidad”.

Si ampliamos la idea, esto significa que la falta de una identidad nacional con la que se sienta representada (identificada) la mayoría de la población, no ha permitido la construcción exitosa de una sociedad inclusiva y un estado moderno, con instituciones democráticas fuertes.

En opinión de los estudiosos del tema, el nivel de desarrollo y fortalecimiento de la identidad nacional depende del grado de cohesión social y aceptación de la diversidad étnica, especialmente importante en el caso de América Latina.

Esta forma de entender la modernidad y el desarrollo del capitalismo (bajo su versión del estado de bienestar) en términos de identidad nacional y su impacto en la  institucionalidad, adquiere sentido específico cuando consideramos el caso ecuatoriano. Como muchos otros países latinoamericanos, con procesos identitarios inconclusos de similares características, el Ecuador constituye un ejemplo de dicha condición histórica “fallida” , que otorga al país una condición de  “pre modernidad”, con un estado deformado, populista y clientelar, débil institucionalmente y que conculca los derechos de los ciudadanos, en un contexto de discriminación étnica y social.

En nuestro pequeño pero mega diverso, pluricultural y multiétnico país, existen normas y códigos claramente excluyentes, que forman parte de una jerarquía social basada en el “blanqueamiento” (etnocéntrico) heredada de la época de la colonia y de su sistema de castas, que escinde la sociedad, y que ha jugado un papel negativo en la formación de la identidad nacional. Normas y códigos sociales y culturales de ejercicio del poder, caracterizados por el racismo y la intolerancia hacia el otro, de aspiraciones de ascenso social discriminatorio, que se construye, difunde, reproduce a través del discurso, en todo lo que su complejidad simbólica entraña, que responden a roles y relaciones sociales en un contexto histórico determinado. Discurso que se ha venido trasmitiendo y reproduciendo de generación en generación y que llena todos los espacios de la cultura y la política.

En el contexto mencionado, varios latinoamericanistas, como el chileno Jorge Larraín, han identificado que en la historia de América Latina han habido varios ciclos de construcción de la identidad nacional y regional, acompañados de proyectos de fortalecimiento institucional, pero que han terminado en crisis, como intentos fallidos,  en gran medida por no haber sabido superar la matriz de exclusión étnica y social heredada, a través del discurso, del pasado colonial.

El tema adquiere relevancia en la actual coyuntura, pues existe suficiente evidencia empírica para sustentar la hipótesis de que la reciente ola de gobiernos autoritarios (dictaduras civiles para algunos) en la región respondería a un nuevo ciclo (fallido nuevamente) de creación de la identidad latinoamericana, provocado en gran medida por un reordenamiento económico y social y el incremento de capas medias de la población en las últimas décadas, con una élite blanco mestiza y mestiza, que participa en el quehacer no sólo económico sino político y disputa el poder a las antiguas élites. Subrayo que se trata de un intento de forjamiento de identidad principalmente desde el discurso del poder.

En el caso ecuatoriano, este nuevo ciclo se ve claramente reflejado en el discurso político populista del régimen correísta. Como sabemos el discurso populista siempre se presenta con una formula dicotómica, binaria y maniquea de la sociedad, con la tradicional división de los buenos y los malos, con el líder como la encarnación de los primeros. Eso es lo que hace Rafael Correa, pero acentuando la confrontación sobre la base de “diferencias” étnicas y sociales, entre los que el llama los pelucones: blancos rubios, altos ojos verdes, (que él admira) versus el resto de la sociedad: el pueblo, el cual él dice representar.

En un reciente trabajo académico que tuve la oportunidad de realizar sobre el tema, me fue posible identificar desde la óptica del “análisis crítico del discurso”, en el discurso populista de Rafael Correa, la creación y reproducción de varias identidades, las cuales sobrepasan la mencionada visión dual de las identidades explicitas en el discurso populista. Así, en primer termino, en contraposición a la oligarquía conformada por los “malos” pelucones blancos, rubios, altos, de  ojos claros, Correa desarrolla de manera unívoca la identidad de los blancos mestizos buenos. Según Correa, estos “blanco-mestizos” altos, educados, son los buenos ciudadanos que respaldan la revolución ciudadana y que van a transformar la sociedad.

Para Correa el ideal del ciudadano ecuatoriano de la revolución ciudadana (una especie de relanzamiento de la raza cósmica) debe ser a su imagen y semejanza. Es decir, un profesional “exitoso” de clase media y alta, parte de la gente que el llama “decente”, que emula el fenotipo blanco europeo, que asiste a los homenajes de “desagravio” que hace para los miembros de su gabinete. En un segundo plano, en una escala inferior, con distinta valoración, pero siempre por debajo de los blanco mestizos que él considera representar, Correa recrea las identidades de los que él cataloga como:  “esos cholitos”, los “morenitos” (afro descendientes), esos “indígenas ridículos” y “longos” incivilizados, cuyo acento serrano imita en son de burla y escarnio político.

De todas las identidades de Correa, la que más sobresale en su discurso es la de él mismo: el “súper hombre” el “héroe  blanco mestizo, de ojos verdes,  alto, de “hermosas” facciones (una especie de Rock Hudson criollo), con PHD, hombre de excepcional talento y cualidades, de mundo, educado en el exterior, que “habla” varios idiomas de manera fluida, justiciero, confrontador, el líder que es capaz de sacrificarse por su pueblo y permanecer en el poder indefinidamente con la noble misión de civilizar y redimir al país entero.

Esa imagen construida por él de sí mismo, es a su vez el ideal que inspira a la élite “meritocrática” y de nuevos ricos. Allí están en primera fila sus amigos y colaboradores cercanos, de similares características identitarias: los Alexis Mera, los Alvarado, los Patino, los Glass, los Jalk, los Samán, los Antón, los Eljuri, los Kabalan Abisaab, las sumisas Nataly Cely, las Baki, las Ribadeneira, las Alvarado, entre otros.

Ellos son los nuevos buenos “pelucones blanqueados”. Son la élite  que disputa el poder político a la “vieja oligarquía” también blanco mestiza, también blanqueada pero de tiempo atrás, por la que Correa siempre muestra especial interés y admiración (las peluconcitas de gafas preciosas), por sus apellidos “rimbombantes” pero que rechaza por  su “egoísmo”, por su ignorancia y torpeza por no saber incluso llevar con inteligencia su propia condición de explotadores. Opinión respecto de la cual, al parecer, está verdaderamente convencido.

El sueño del ideal correísta es así una  identidad híbrida (semicolonial) con una actitud ambivalente de amor (admiración) y odio hacia la “vieja” élite, que se proyecta igualmente, incluso en el ámbito personal, respecto de Europa y Estados Unidos. Basta ver una de los fotografías de Correa, posando para las cámaras como acostumbra, con una de sus nuevas gafas, con alguna de sus camisas “folklóricas” especialmente diseñadas, combinadas con finos trajes occidentales, ostentando uno de sus lujosos relojes, y acompañado de sus perros de raza, para percibir dicha identidad.

Al inicio de la “revolución ciudadana” Correa, a fin de contentar a los diferentes grupos de electores y lograr sus objetivos de concentración de poder, se presentó como el promotor de una nueva identidad nacional incluyente, para todos y todas. Al poco tiempo, sin embargo, a través de su discurso emprendió la construcción de su imagen como líder único de un sector de la clase media blanco mestiza con la que él se sentía identificado. El resto de los sectores sociales pasaron a ser tratados con una visión paternalista y autoritaria y a ser sujetos de acoso “bullying”, división y chantaje político. Expresiones culturales de ejercicio del poder despótico y de creación de identidad vertical asimilados por Correa desde su juventud, bajo la influencia cultural y del discurso político de determinados estratos de la sociedad, en particular de Guayaquil.

Bajo dicha postura encumbrada de Correa, favorecido por un andamiaje que le otorgaba el control de todos los poderes del Estado, dichos sectores sociales pasaron a ser catalogados ya no como los ciudadanos de la revolución, sino como  los pobres e ignorantes que requieren de ayuda para elevar su nivel social y ser incluidos por el Estado benefactor. El Estado es imaginado por Correa como el gobierno semicolonial de los blanco mestizo educados que lo idolatran. Gobierno  cuya “innovación” en ciencia y tecnología consiste en imitar la “excelencia” burocrática de los países de Europa y Estados Unidos, así como su modelo de enseñanza y universidades. Esta circunstancia explica la coincidencia de criterios entre Correa y políticos conservadores del siglo XIX, como García Moreno y Domingo Sarmiento, que aspiraban a traer el iluminismo europeo a los incivilizados ecuatorianos y argentinos.

Finalmente Correa en los años recientes ha optado por crear y pretender imponer a la sociedad ecuatoriana una identidad suprema, de un ser “divino” de cualidades extraordinarias. Es obviamente la de él mismo, pero ahora como el “salvador”. Cabe recordar que Correa se ha comparado con el Papa Francisco y con  Jesucristo, y que equiparó al pueblo ecuatoriano con los judíos, insinuando que estaría dispuesto a ser crucificado por dicho pueblo, si era necesario: “De un domingo a viernes, tiempo de acuerdo a la tradición, las mismas manos que batieron palmas para recibir a Jesús como rey, se levantaron en puños para pedir su crucifixión precisamente por ¡creerse rey! Manipulados por los hacedores de “opinión pública”…Los poderes fácticos de aquella época”. Según Correa esto sucede debido al estado de ignorancia en que se encuentra sumido el pueblo ecuatoriano y a la manipulación de la derecha.

Así, con esta visión mitológica de la realidad y de sí mismo, Correa termina confrontado con todos los sectores que conforman la sociedad, con el pueblo “incivilizado” del Ecuador. Sólo quedan él y su séquito contra el resto de la sociedad, que son sus súbditos rebeldes y que, paradójicamente para Correa, incluyen a un significativo sector blanco mestizo educado que lo desprecia y rechaza.

Estimo que el  mencionado análisis sobre discurso e identidad en el Ecuador brinda nuevas luces para entender la dinámica social  y política ecuatoriana, incluida la actual situación de crisis que vive el país, pero es obvio que requiere un estudio aún más profundo.

Una de las ventajas que de manera particular ofrece este enfoque es respecto de la perspectiva tradicional del fenómeno populista ecuatoriano. Ayuda a explicar, por ejemplo, de manera más coherente cómo el discurso “tecnocrático” del régimen correísta, que prioriza el uso de la razón, concebida como ciencia y la tecnología (peligrosa en manos autoritarias), no es sino parte de una fachada identitaria vacía de contenido. Después de ocho años de Correísmo, la charlatanería tecnocrática se evidencia en el pésimo manejo de la economía, cuya consecuencia es una grave crisis de inusitadas proporciones que pone en riesgo la dolarización, el manejo ineficiente de la producción y comercialización del petróleo, la contaminación de la Amazonía, el endeudamiento exorbitante en condiciones onerosas e insostenible, el fiasco de Yachay y del pregonado cambio de matriz productiva, sólo para mencionar varios aspectos relevantes.

Desde una perspectiva más general, el análisis crítico del discurso relacionado al estudio de la creación de identidad proporciona elementos de juicio que cuestionan el planteamiento efectuado por Ernesto Laclau, recogido por varios intelectuales de izquierda que terminaron desencantados con el filósofo argentino, sobre el supuesto beneficio que el populismo brindaría a la democracia. Esto debido a que la creación de una identidad nacional, latinoamericana o ecuatoriana requiere de una relación horizontal entre todos los ciudadanos, entre gobernados y gobernantes y no una vertical como lo presupone el populismo esbozado como ideología por Laclau. Situación que favorece el autoritarismo y recrudece la violación de los derechos humanos. Cabe aquí la reflexión de que en el caso de América Latina históricamente el populismo es consecuencia de la crisis de identidad (y no al revés), a la vez que la retroalimenta.

El análisis crítico del discurso en la formación de la identidad nacional permite asimismo explorar la destrucción de la institucionalidad que acarrea el populismo y pone al descubierto el simulacro de construcción de una nueva. Descubre la retórica que manipula el deseo “natural” de la población de reconocerse con dignidad, de ser alguien con reconocimiento social dentro y fuera del país. Retórica que acompañada de prácticas clientelares  termina degradando al individuo y socavando las estructuras institucionales. El análisis crítico del discurso en el caso del discurso correísta revela como el populismo se aprovecha de la institucionalidad destruida  para montar una  estructura de poder y reproducir una jerarquía social arcaica con el líder y una nueva élite a la cabeza, que en el caso ecuatoriano, como en el resto de los países de la Alba, requiere un proyecto antidemocrático de tiempo indefinido.

Bajo la perspectiva planteada, Correa es el resultado de varios discursos heredados, que gravitan alrededor del ejercicio del poder, la gran mayoría de ellos retrógrados, racistas, autoritarios, de tradición populista, denigrantes para la nacionalidad ecuatoriana. Discursos simbólicos, donde tanto significados como significantes son permanentemente trastocados con fines de propaganda política partidista.

El análisis crítico del discurso correista, después de ocho años en el poder, permite inferir también que la actual crisis política parecería significar el fin del nuevo ciclo de intento (fallido nuevamente) de creación de la identidad nacional, caracterizado por la confrontación entre el súper hombre blanco mestizo racista, idealizado y representado en Rafael Correa y el resto de identidades excluidas y denigradas en su discurso, que ahora buscan su reivindicación.

Es posible que la actual lucha por el retorno a la democracia liderada por los movimientos sociales, principalmente por el movimiento obrero e indígena, a los que se suman los maestros, estudiantes, jubilados, médicos, así como varios sectores medios blanco mestizos y mestizos, del sector público y privado, en particular de Quito, que rechazan la visión social semi colonial del correísmo, signifique el inicio de un nuevo ciclo que impulse la construcción de una identidad nacional ecuatoriana sobre la base de la cohesión social y la aceptación de la diversidad cultural y étnica.

Proceso que de ser exitoso permitiría liberar al Ecuador del autoritarismo y de prejuicios atávicos e iniciar la búsqueda de alternativas a la fallida modernidad, que recojan las advertencias formuladas por pensadores como Adorno y Horkheimer, con miras a la creación de una sociedad mas justa y digna para nuestros hijos y las generaciones futuras.

 

 

 

 

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Señales de alarma del Correísmo

 

Señales de alarma del Correísmo

Me permito hacer algunas reflexiones sobre varias señales de alarma que están lanzando, de manera directa e indirecta, varios funcionarios del gobierno sobre la gravedad de la crisis en el país.

En la Politécnica Nacional se reunieron los “ideólogos” del gobierno Fander Falconí, y Pavel Muñoz, con los “neoliberales” Alberto Dahik y Walter Spurrier. El gobierno publicitó el evento como parte del diálogo con la “oposición de buena fe”, aunque como se sabe se trata de dos figuras vinculadas a determinados círculos empresariales de Guayaquil, con las que el propio Correa conversa (como el mismo lo ha insinuado en el caso de Spurrier) y que no forman parte de la oposición.

Fue interesante notar que lo que parecía iba a ser un debate entre dos posiciones antagónicas, se convirtió mas bien en una reunión de amigos pero que tampoco dejo de sorprender por su contenido, en la que tanto Spurrier y sobre todo Dahik alertaban con mucha claridad, dramatismo y datos económicos sobre la “gravísima crisis económica que se está gestando”, fundamentalmente debido a la retirada de depósitos bancarios y fuga de capitales, y aconsejaban a sus contertulios sobre las medidas que se debían adoptar para evitar el colapso económico del gobierno correísta y el país. Muñoz y Falconí trataron de eludir el problema planteado, y en sus intervenciones optaron por repetir su viejo discurso sobre la recuperación de la memoria histórica, la “larga noche neoliberal” y los supuestos “logros” de la revolución ciudadana.

Al final de la exposición, durante la ronda de preguntas, Pavel Muñoz se vio obligado a pronunciarse sobre lo planteado por Dahik. Compartió con éste su preocupación por la gravedad de la situación económica, aunque optó por subrayar que la crisis se debía a condiciones externas y no a la mala conducción del régimen. Indicó que lo único con lo que no coincidía con Dahik eran en sus expresiones pesimistas con las que se golpeaba el ánimo de la sociedad frente a la crisis, “en lugar de verlo como una oportunidad”. Criticó también el uso de expresiones que pudieran favorecer a quienes buscan hacer terrorismo económico para desestabilizar al régimen. Al terminar el encuentro ambos, Falconí y Muñoz, lucían con la cabeza gacha, apesadumbrados, derrotados.

Se debe resaltar que si bien la gravedad de la situación económica ha sido ya denunciada por varios analistas a través de los medios independientes, lo cual ha sido perfectamente asimilado por la ciudadanía, llama mucho la atención que se la trate de manera pública en un evento del gobierno, caracterizado por su autoritarismo y falta de transparencia, el cual ha rehusado hasta ahora reconocer la posibilidad de una crisis económica.

Sobre la mencionada conferencia caben varias interpretaciones. Una es que el régimen, o algunos miembros del régimen, preocupados por su futuro político, quieren dar la señal de alarma sobre la posibilidad de una crisis económica descontrolada, y dejar constancia de ello, para lo cual buscaron aprovechar el supuesto diálogo con Dahik y Spurrier. Bajo esta interpretación, cabría considerar que el gobierno esté buscando preparar a la opinión pública para que se resigne frente a una eventual adopción de drásticas medidas de ajuste, como lo recomendó Dahik en su exposición.

Cabe finalmente la posibilidad de que la intervención de los analistas fue más allá de lo esperado por los anfitriones gobiernistas del aparente “dialogo”, produciendo como efecto colateral el incremento de la desconfianza de la opinión pública en el manejo económico del régimen. Algo que parecería confirmarse toda vez que el video completo de la conferencia fue borrado de YouTube y de la pagina web de la Escuela Politécnica sin explicación alguna.

Durante la misma semana Xavier Lasso, nuevo Canciller subrogante, ofreció una rueda de prensa para explicar su retorno al país, su rol en el gobierno y la relación con su hermano, Guillermo Lasso. El hermano del “banquero”, como se refiere el régimen al dirigente de CREO, Guillermo Lasso, indicó que decidió regresar al Ecuador y dejar su puesto como representante del país ante las Naciones Unidas en Nueva York para “jugársela” por el proyecto político. Lo dijo con un tono bastante dramático, reflejado en su rostro, dejando la duda de si era la postura de un hombre aparentemente ingenuo y cándido que aún no se ha dado cuenta de la falta de calidad moral de sus socios de la élite correísta, o de si simplemente se trata de un astuto oportunista que se acomoda según las circunstancias.

Lasso dejó implícito en su explicación que el gobierno y el país atraviesan por una situación muy compleja, grave, y que el quiere “jugársela”. Lo que no aclaró es por cuál de los proyectos políticos es que lo va a hacer. Por el proyecto de Correa, en su plan A ó B (este último el de victimización para salir corriendo del país aludiendo un golpe de estado). Por el de Patiño, supuesto representante del ala de izquierda. O acaso por el de Nataly Cely, los Alvarado y el Vicepresidente Glas (cuyo padre continúa “hospitalizado” sin rendir cuentas a la justicia por la violación de una menor de edad) todos ellos del ala “empresarial” de derecha del gobierno. Sobre su hermano Guillermo, rechazó que su regreso al país sea parte de una maniobra política para hacerle daño. Dio toda una larga explicación sobre el sacrificio que había hecho al mantener distancia desde Nueva York respecto de la actividad política del dirigente de CREO, para concluir que a pesar de sus diferencias ideológicas primaba una actitud ética de respeto mutuo. No aclaró sin embargo cuál era su postura sobre la cadena interminable de insultos e infamias proferidas contra su hermano de parte de su Jefe, Rafael Correa y sus ministros, la cual continúa hasta hoy.

En la sesión de preguntas, Xavier Lasso dijo no conocer sobre si han ingresado recientemente a la más de 300 nuevos funcionarios sin cumplir con los requisitos indispensables y se dedicó a darle una lección de ética periodística a quien se atrevió a formularle la pregunta. Mi reflexión es que la postura y llamado a la ética de Lasso es muy cuestionable, pues es por todos conocidos que el Ministerio de Relaciones Exteriores del Ecuador ha sido institucionalmente devastada por la política clientelar correísta, afectando a los funcionarios diplomáticos y administrativos de carrera del servicio exterior. Es precisamente el actual canciller Patiño, ahora a cargo de la creación de las fuerzas de choque de Alianza País, quien ha utilizado la institución como un botín de poder político y despilfarro económico como nunca antes había sucedido en la historia de la institución. Hoy en día hay más de dos mil funcionarios “trabajando” en la cancillería ecuatoriana, cifra que contrasta con las setecientas personas que aproximadamente había en el año 2007. La mayoría de nuevos funcionarios han entrado por concursos amañados, o por contratos controlados por Patiño y sus asesores.

Xavier Lasso puede constatar por sí solo cuando recorra los pasillos del edificio adjunto al Palacio de Najas, la situación de hacinamiento que se vive en las diferentes dependencias del ministerio, con todas las consecuencias que ello conlleva para el funcionamiento institucional, incluso en el aspecto sanitario. Si se toma la molestia de revisar el estado de las misiones diplomáticas, podrá enterarse como la mayoría de nuevos funcionarios son enviados al exterior en grupos numerosos, leales a Patiño, sin contar con la más mínima preparación.

En algunos casos incluso sucede que estos tienen que regresar al país para recibir clases de idiomas y de otras asignaturas, debido a su ineptitud en las misiones diplomáticas ecuatorianas. Lo paradójico es que incluso continúan recibiendo los sueldos del exterior.

Lasso se enterará, sino lo hizo ya en Nueva York, que el servicio de inteligencia del correísmo montado en la cancillería, clasifica a los funcionarios (incluidos los de carrera que ingresaron antes del 2007) en correístas leales, los cuales están ubicados en puestos de confianza, y quienes no lo son.

Convendría entonces que Xavier Lasso se informe él y responda a la pregunta formulada por la periodista que refleja plenamente la inquietud de la mayoría de ecuatorianos, indignados con el dispendio irresponsable del gobierno. Convendría que averigüe sobre las denuncias, sin aclarar, sobre los más de ciento veinte asesores de Ricardo Patiño, incluidos varios españoles vinculados al partido español PODEMOS, lo cual ha sido materia de investigación por parte de la contraloría y medios de comunicación independientes.

Es posible que la situación descrita ya la haya sentido en carne propia y de manera directa Xavier Lasso. Rodeado de la red patiñista en cancillería, el “pobre” hermano del banquero, no tendría ni siquiera en dónde colocar a su Jefe de Gabinete, traído especialmente de Nueva York para acompañarlo en su aventura.

Pienso que hace falta que Xavier Lasso aclare los temas mencionados, así como muchos otros de corrupción del gobierno, pues sino quedaría en claro que en realidad se trata de un hombre que le gusta fungir de idealista, utilizando sus cualidades dramáticas y pose de actor, con apetencias de poder igual o más grandes que las de sus socios “correístas”.

Hace pocos días otro de los ideólogos del gobierno correísta y ex viceministro de relaciones exteriores, Kintto Lucas, publicó un artículo advirtiendo sobre la grave crisis política que afecta al gobierno. Lucas sugiere, como única alternativa para tratar de revertir dicha situación, que Rafael Correa se respalde menos en el ala de derecha del gobierno, se mueva más hacia la izquierda, de un golpe de efecto y recurra a la muerte cruzada. Por su parte Correa, tozudo como es en cuanto a consejos, se refirió al tema en su reciente discurso con ocasión de la fundación de Guayaquil, indicando que no lo hará. Da la impresión, como lo he señalado anteriormente, que Correa se inclinaría cada vez más por su plan B.

 

 

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Qué culpa tiene la estaca… por Bruno Faidutti Navarrete

QUÉ CULPA TIENE LA ESTACA….

Por Bruno Faidutti Navarrete

Las ciencias económicas con sus teorías y modelos cada día son más exactas. Doctores en economía obtienen su título gracias a sus tesis que aportan mejoras a los modelos económicos existentes, sin desmedro de que aparezcan nuevos modelos que interpreten el comportamiento de variables que afecten el comportamiento económico en una sociedad.

La economía se la puede predecir siempre y cuando tengamos la información a la mano. Sin embargo, alineados o no los astros a favor, las predicciones económicas pueden fallar al no considerarse las reacciones de los actores económicos tales como la de los empresarios y la de los ciudadanos.

Los empresarios conocen su sector económico e interpretan el bienestar o fracaso como experiencia propia, formándose sus propias expectativas a futuro en el momento de invertir o no invertir en su actividad económica. El ciudadano consumidor planifica, e igual que los empresarios, se forma expectativas a futuro dependiendo de sus ingresos, toma vacaciones o invierte en bienestar: nuevo televisor, las “doras”, muebles, una buena cena, una botella de vino, distracciones, etc. Todo esto dentro de una racionalidad que se basa en la experiencia e información que tanto empresarios como consumidores poseemos.

Por tal motivo, encuentro divertido escuchar empresarios de diferentes sectores debatir socialmente diferentes criterios sobre la economía. Entre los que han ganado dinero se podría escuchar argumentos favorables a las directrices económicas del gobierno y entre los que no le favorecen los resultados, podrían decir que las políticas económicas del gobierno no funcionaron. En su agrupación, las expectativas racionales buenas son doblegadas por las expectativas racionales negativas; en ese momento es cuando los resultados económicos resultan impredecibles en el tiempo y es cuando las políticas públicas no funcionan. Por estas razones, en cada modelo económico o aplicación de una medida pública, se consideran las expectativas o reacciones de los actores económicos, caso contrario los resultados son negativos en el simple anuncio de las medidas económicas.

Podemos dar ejemplos al respecto de lo vivido pero tengo la seguridad de que en la vida republicana del Ecuador debe haber habido muchos ejemplos como los siguientes:

Ejemplo 1. Previo al colapso de los bancos en 1999, las autoridades económicas y políticos aliados al gobierno de Jamil Mahuad promocionaron con fuerza el Impuesto a la Circulación de Capitales (ICC) en reemplazo al impuesto a la renta. El ICC grababa el 1% a las transacciones bancarias, el mismo que funcionaba al momento de acreditar o depositar el dinero en cuentas bancarias, al momento del giro de cheques, transferencias o pagos realizados al contado con o sin la intervención de los bancos, los mismos que pasaron a ser agentes de retención obligados de tal impuesto. El simple anuncio de la posible ley estaba creando estragos de retiros de dinero en el sistema financiero nacional, principalmente, cuando públicamente en la promoción de la ley a ser aprobada se decía que: “por fin vamos a saber quién es quién en el país porque se va a grabar hasta las transacciones en bancos offshore”.

En noviembre 30 de 1998, se aprobó la ley del ICC ocasionando que el representante legal del Filanbanco, banco de mayores captaciones de depósitos en offshore, se vea obligado a acudir al Banco Central para renegociar un préstamo de emergencia para cubrir los retiros masivos de los clientes y negociar la entrega del banco, hecho que sucedió el 2 de diciembre de 1998.

Dicha ley fue el detonante de la escalada de retiros en el sistema financiero nacional ya que se violaba el sigilo bancario además de que nadie quería ser grabado con el 1% a sus transacciones bancarias. La prueba de aquello es que al entrar en vigencia el ICC el 2 de enero de 1999, cayeron seis bancos en ese mismo mes hasta que las autoridades decidieron congelar los depósitos del sistema financiero para frenar los retiros en el mes de marzo del mismo año.

Ejemplo 2. Relacionado con la misma crisis económica de fines de los 90s. Las constantes devaluaciones del sucre crearon expectativas negativas en la economía lográndose que el tipo de cambio sea un referente negativo a la actividad económica. Tan negativo fue el mal manejo de las políticas monetarias y cambiarias del Banco Central en los años 90s, que los bancos comenzaron a ofrecer a los clientes como parte de sus servicios, la apertura de cuentas en dólares. Es decir, con la información que poseía la ciudadanía al observar la escalada del tipo de cambio, se veía obligada a transformar sus ahorros de sucres, moneda que perdía poder adquisitivo constantemente con el pasar de los años, a dólares norteamericanos que mantenían su valor en el tiempo. Prueba de ello es que las cuentas bancarias estaban en dólares en un 60%previo a la implementación de la dolarización.

Ejemplo reciente. Las expectativas negativas actuales provienes de las siguientes informaciones que van recogiendo los empresarios:

Primero, el hecho de ubicar el precio del barril de petróleo a $79,7 como referente a los ingresos petroleros del presupuesto general del estado del 2015, a pesar de que desde octubre del 2014 se avizoraba un periodo de precios bajos para el barril de petróleo. Las autoridades económicas minimizaron el tema e interpretaron como que los precios bajos del momento iban a ser pasajeros.

Segundo, la decisión del presidente de rebajar los sueldos del sector público, aparte del efecto económico positivo que pudo haber ocasionado, envió un mensaje negativo a los actores económicos de que la plata se le estaba acabando al Estado.

Tercero, la aplicación de medidas de salvaguardias a productos importados tuvo dos lecturas negativas: la una, la oficial, que la medida era para salvar la dolarización; y la otra, que el gobierno necesitaba recaudar más impuestos afectando al comercio y por ende al consumidor de los bienes estipulados dentro de las salvaguardias.

Y cuarto, las tan publicitadas leyes de la plusvalía y a la herencia. No es cuestión de ponerse de acuerdo en el cálculo impositivo de las dos leyes tal como sugiere el poder ejecutivo, ni que le demuestren a quien afecta o no la aplicación de las mismas, porque en la actualidad y por algún tiempo, todos los actores económicos de la sociedad ya formaron sus propias expectativas sobre el tema y el mensaje es negativo para la actividad económica actual y futura. Recordemos que la inversión en bienes y raíces es una alternativa menos riesgosa para unos, dada nuestra experiencia de hace 16 años, de invertir en propiedades en lugar de ahorrar en un banco; por lo tanto, la mínima intensión impositiva sobre los ahorros de la familia afecta a ricos y a pobres.

A ricos porque pagarían los gravámenes directamente y a los pobres por que les afectaría la falta de empleos en el sector de la construcción. Lo más importante, que a todos nos mata la esperanza de ser ricos.

Tomemos como ejemplo un nuevo proyecto inmobiliario financiado por el 50% de familias que necesitan vivienda y el otro 50% por inversionistas que quieren especular con el tiempo. Dadas las posibilidades de la aprobación de las leyes de plusvalía y herencia, dicho inversionista desistiría de colocar su dinero en el nuevo proyecto inmobiliario -por más que se diga que se afecta en la segunda venta del inmueble- porque éste no quisiera que sus ahorros se afecten a futuro con la aprobación de nuevos impuestos, los mismos que serían calculados con tasas sobre la lectura de variables creadas por burócratas que no tienen idea sobre las intenciones de ahorro del inversionista.   Por eso se dice que los proyectos afectan al patrimonio familiar.

Finalmente, si lanzamos la pregunta a cualquier ciudadano del Ecuador, ¿Quieres ser millonario?, encontraremos una respuesta mayoritariamente positiva; entonces, ¿por qué matarles la esperanza al pueblo con leyes que limitan esa posibilidad de ser millonario? Me pregunto, ¿Acaso el eslogan del gobierno es: “que nos quiten todo menos la esperanza”? Si con la aplicación de los impuestos nos están quitando todo, ¿a qué esperanza se refieren? ¿A la de más gasto público? Es decir ceder la facultad única de manejar todos los recursos públicos y privados a las manos del estado ecuatoriano para que éste se encargue de distribuir equitativamente la riqueza. Parecería ser esta la intención del gobierno con su modelo de persecución a los generadores de riqueza.

La falta de inversión extranjera en el país es una realidad que afecta el desarrollo económico, no es un invento de la oposición al gobierno. No hay forma de cambiar las expectativas negativas de los ciudadanos con talleres de “socialización”; por lo tanto, el gobierno requiere del sector bancario nacional e internacional para salir de la crisis presupuestaria, de un ajuste a sus planes de inversión, de no movilidad de sus funcionarios por comisión de servicios, eliminar las salvaguardias arancelarias, desechar los dos proyectos de ley a la plusvalía y herencia y descartar cambios a la constitución. Todo esto con la finalidad de que cambien las expectativas negativas de los ecuatorianos sobre el futuro económico del país, caso contrario qué culpa tiene la estaca…

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SALUDO A LOS LECTORES

Estimados amigos lectores:

Desde hace algunos años he estado escribiendo y publicando artículos sobre la coyuntura del país.

Lamentablemente, debido a la censura impuesta por el régimen correísta, esto es cada vez más difícil.

Así, este Blog ha sido creado con la finalidad de poder brindar, sin censura, elementos de juicio para el análisis y solución de la grave situación de crisis política y económica por la que atraviesa el Ecuador. De manera particular Libre Ecuador busca contribuir con ideas para la construcción de consensos sobre temas de interés nacional y la restauración de la democracia en el país.

Libre Ecuador también aspira poder aportar al debate sobre temas relativos a la democracia, el desarrollo sustentable y la protección del medio ambiente, tanto a nivel nacional como internacional.

Para todo ésto es muy importante recibir sus valiosos comentarios y sugerencias.

Además de artículos míos, se incluirán artículos y libros de diversos autores sobre los temas mencionados.

Agradezco a todas aquellas personas que brindan su apoyo para el mantenimiento de este espacio de libre pensamiento.

Gustavo Palacio Urrutia

 

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Agravación de la crisis y Paro Nacional. (19 JULIO 2015)

Agravación de la crisis y Paro Nacional. (19 JULIO 2015)

La situación de crisis del Ecuador continúa agravándose. El gobierno correísta, frente a un escenario que parecería haberlo desbordado, luce desconcertado, sin saber como actuar, optando por aferrarse a viejas tácticas y estrategias que lejos de ser una tabla de salvación profundizan la crisis.

En lo económico, por ejemplo, lo más preocupante sin duda lo constituye el acelerado y peligroso endeudamiento público (incluida la deuda externa), así como la utilización de mecanismos de pago con dinero inorgánico que junto con las medidas de salvaguardia aumentan las interrogantes sobre la sostenibilidad de la dolarización en el país. Medidas desesperadas que buscan suplir la falta de liquidez en las arcas fiscales, claves para la perpetuación del proyecto totalitario, pero que no abordan los problemas de fondo del país: desaceleración de la actividad económica, (con afectación de sectores de gran significación por su dinamismo y efecto multiplicador como el de la construcción), incremento del desempleo, déficit de la balanza comercial y de pagos, disminución del índice de competitividad del país y aumento del riesgo país, incremento del costo de vida, fuga de capitales, entre los más significativos. Cuadro tremendamente negativo e injustificable tomando en cuenta los ingentes recursos con los que ha contado por más de ocho años el régimen correísta.

Cabe indicar que la mencionada situación de la economía podría complicarse aún más de continuar la contracción de la demanda de materias primas a nivel mundial, acompañada del incremento de la oferta en el caso del petróleo, así como por un clima de intranquilidad en el sistema financiero internacional, con China y la eurozona como protagonistas principales.

En el ámbito político, la actitud del gobierno es igualmente poco innovadora y exitosa. Como en el pasado, continúa aferrado a su discurso populista de representación binaria de la realidad, de amigos y enemigos de la revolución. Su llamado al dialogo es presentado bajo dicho esquema: los de buena y mala fe, los que hablan con la verdad y los que mienten. Con esta perspectiva toma asimismo medidas de amedrentamiento y división de la oposición, amparado en el control del andamiaje de todos los poderes del Estado. Este ha sido claramente el caso de su política hacia los trabajadores, el movimiento indígena, los estudiantes, los empresarios, aunque con magros resultados. Por un lado Correa se ufana en denostar públicamente a aquellos dirigentes y representantes de los sectores que son críticos con su gobierno, buscando deslegitimar y menoscabar la institucionalidad de su gremio. Por otro hace todo lo necesario para reafirmar la relación de lealtad y obediencia de parte de los pocos dirigentes leales a él, cuyas conciencias son compradas mediante “favores” económicos y políticos provistos por el aparataje clientelar estatal de Alianza País.

Asimismo, respecto de los actores y movimientos políticos, Correa confía en mantener dividida a la oposición vía la estigmatización, calificándolos como los representantes de la derecha, ultraizquierda ó izquierda infantil, en oposición a él, como encarnación del interés popular. Utiliza viejas prácticas de amenaza y chantaje con el fin de inmovilizar a varios de sus detractores y evitar nuevas convocatorias. Un ejemplo importante es el caso de las denuncias contra los alcaldes de Guayaquil y Quito y varios dirigentes políticos. Existen igualmente amenazas de acciones judiciales contra varios de los representantes del centro izquierda e izquierda, así como de los diferentes gremios, movimientos sociales y activistas de las redes sociales. Como años atrás continúa la censura sistemática a los medios de comunicación y se reanudan los ataques cobardes a plena luz del día contra los periodistas. La última víctima fue Christian Zurita, enemigo jurado de Correa por haber revelado los pingues contratos de su hermano Fabricio, ex tesorero de campaña y miembro fundador de Alianza País. Dicha persecución y ataques sin embargo, generan solidaridad y abonan a la decisión ciudadana de continuar su lucha por la libertad.

Las arremetidas de Correa contra sus detractores, en algunos casos con fines propagandísticos, chantaje y cálculo político rayan en el absurdo. Tal es el caso de la risible acusación de golpe de Estado contra varios asambleístas realizada por el Ministro del Interior, José Serrano, con ocasión de una de las marchas recientes y que se enmarca en una estrategia de victimización y justificación de la represión que ya ha sido denunciada. Igual de disparatada es la maniobra propiciada por la Asambleísta de Alianza País, Rosana Alvarado, de presentar una ley para retirar la pensión de los ex presidentes que se ausentaron del país sin el permiso del Congreso Nacional, con clara dedicatoria en contra de los ex presidentes Abdalá Bucaram, y Lucio Gutiérrez. Bucaram ha denunciado en varias ocasiones que se vio obligado a brindar su apoyo y a pactar con Correa al inicio de su gobierno, pero que éste luego lo traicionó, incumpliendo la promesa de facilitar su retorno al país.

 

Como se sabe, la propaganda es uno de los pilares fundamentales de la política del régimen correísta. Sin embargo, contrario a lo que sucedía en los primeros años de popularidad del caudillo, el aparato de propaganda montado por los hermanos Alvarado ya no rinde los resultados esperados. Esto se evidenció de manera clara durante la reciente visita del Papa Francisco, cuando el régimen trató burdamente de manipular la figura y doctrina de la iglesia con fines políticos, lo que causó el rechazo y la ira de la población que desafiante pifió a Correa en presencia del ilustre visitante y de toda la prensa internacional.

El fracaso del discurso, propaganda y accionar político del régimen en la actual situación de crisis se refleja no sólo en la debilidad de sus ataques contra la oposición, sin ninguna victoria digna de mencionar, sino también en la persistente caída de su popularidad, como lo indican varias encuestas, y su muy reducido poder de convocatoria en las calles. Un ejemplo de lo señalado fue la escuálida manifestación organizada por Alianza País en contra del Alcalde de Quito, Mauricio Rodas. Después de varios años de resistencia a la dictadura de parte de diferentes sectores sociales, la indignación social contra Correa y su gobierno se presenta mucho más fuerte que su política de propaganda, división y amedrentamiento. El atribulado caudillo parecería no entender que salvo contadas excepciones, es la ciudadanía la que convoca a las calles, que los dirigentes de manera consecuente se suman a la misma y no al revés, como tradicionalmente ha sido la práctica populista en Alianza País.

Un elemento adicional a considerar en el análisis sobre la actuación del régimen es el renovado afán de Correa de endurecer su política de control y represión social, lo que constituye una grave amenaza a la paz en el Ecuador de parte del Estado correísta. El régimen no sólo que ha montado un aparato de inteligencia y espionaje para dicho fin, con la asistencia de compañías como Hacking Team, sino que ahora anuncia de forma descarada la creación orgánica de sus propias fuerzas de choque, lo que deja entrever su desconfianza en las Fuerzas Armadas para reprimir el descontento popular. Un movimiento de “camisas pardas” que estaría dirigido por su hombre de mayor confianza, Ricardo Patiño. Militante de servilismo probado, de no muchas luces, pero igualmente ávido de poder, como lo revela su paso por diferentes ministerios, incluida la destruida Cancillería Ecuatoriana, convertida en nueva fuente de poder clientelar de Patiño. Los ahora importantes funcionarios Rommy Vallejo, Pablo Romero, Bayron Valle, Pedro de la Cruz, Octavio Villacreces, Patricia Dávila, son justamente, entre muchos otros, leales miembros de redes patiñistas creadas con la participación de su hermano Raúl.

Hay que recordar que Correa siempre ha contado con fuerzas de choque de inspiración fascista, provenientes de las redes clientelares de Alianza País, pero no en el número como requiere hoy, atemorizado por la numerosa presencia de la ciudadanía descontenta en las calles, cerca de Carondelet.

En resumen, se trata de un cúmulo de medidas políticas que al igual que las económicas resultan irresponsables e inescrupulosas, que buscan desactivar la protesta social y ganar tiempo para aprobar la reelección indefinida. Medidas que van de la mano con la política de violación de los derechos humanos de la dictadura, que agravarían la crisis y aumentarían el descontento de la gran mayoría de los ciudadanos.

Frente a la situación descrita es reconfortante observar que los sectores sociales, con el sector obrero e indígena a la cabeza, junto a los maestros, médicos, jubilados, estudiantes y la ciudadanía en general, empiezan a dar señales de actuar unidos, bajo planteamientos concretos de común interés, esenciales para la recuperación de la democracia, comenzando por el archivo de las enmiendas a la constitución, incluida la reelección indefinida y varias otras que cuestionan de raíz la legitimidad del régimen correísta. Son amplios sectores ávidos de iniciar el diálogo y la discusión sobre qué país queremos los ecuatorianos, pero que están conscientes de que el mismo sólo será posible efectuarlo cuando se restaure la democracia, en la etapa del post correísmo.

Las múltiples reivindicaciones sociales planteadas se perfilan como ejes de una estrategia de unidad de los ecuatorianos que permitiría cristalizar la consigna de “Fuera Correa Fuera” que grita la ciudadanía en las calles y plazas del país, en las redes sociales, con miles de miembros activos conscientes del peligro que corre la Patria.

En dicha ciudadanía y colectivos se observa un creciente y legítimo compromiso por poner término a la dictadura civil de Correa, como principal objetivo para superar la actual crisis nacional, mediante la protesta pacífica, incluido el paro indefinido, plantones y marchas. El anunciado próximo paro nacional será sin lugar a dudas un evento histórico que pondrá a prueba la posibilidad de unidad del pueblo ecuatoriano en su lucha por la democracia.

 

 

 

 

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PLAN A Y B DE CORREA (29 JUNIO 2015)

PLAN A Y B DE CORREA (29 JUNIO 2015)

Las marchas del 24, 25 y 26 de junio representan un hito en lucha de la mayoría de ecuatorianos por la restauración de la democracia en el país en contra del régimen correísta.

La lucha en las calles denota un alto grado de conciencia cívica de parte de los ciudadanos que en pocas semanas han logrado inclinar la balanza del poder político a su favor.

La dinámica de la lucha deja entrever que el gobierno ha perdido la iniciativa, que ya no cuenta con el apoyo de la mayoría de la población y que cada medida que toma incrementa la crisis política con efectos negativos para la economía también. Es evidente que Correa no tiene credibilidad, y que su otrora inmenso poder no sólo que ha sido mermado considerablemente por las demostraciones multitudinarias y diarias de rechazo, sino que está a punto de desmoronarse como un castillo de naipes.

Correa a regañadientes ha reconocido sus derrotas y su precaria situación, política y económica, lo que se refleja en su errático, contradictorio y apesadumbrado discurso aunque esto no signifique un cambio sustancial en su forma despótica de gobernar y aferrarse al poder. Así, aunque a ratos parecería haber tomado conciencia de que sus días como líder mesiánico terminaron, y de que las probabilidades de que no llegue a cumplir su período presidencial son muy altas a menos de que realice la larga lista de rectificaciones demandada por la ciudadanía, es su identidad egocentrista y autoritaria la que termina por prevalecer en su discurso, reiterando como si hablara consigo mismo: “no nos vencerán, no vencerán a la revolución ciudadana, somos más, muchísimos más”.

Correa sabe que el pueblo lo ha derrotado en las calles, y que exige su salida del poder. Intuye que la aguda crisis por la que atraviesa se debe no solamente al rechazo a las políticas antipopulares de su gobierno, la corrupción desmedida, sino y sobre todo por el desprecio que la mayoría de ciudadanos sienten por él como persona, por su discurso estigmatizante de la sociedad, por su forma despótica de ejercer el poder, por su manera ruin de ser y escudarse en la “majestad del poder”. Desprecio que dicho sea de paso se extiende a su larga lista de serviles colaboradores. Correa comprende que los actores políticos han tomado conciencia de este hecho social y de que han empezado a actuar en consecuencia, como él mismo lo habría hecho y reconoce desde su óptica de realista pragmático, lo que significa mayores movilizaciones ciudadanas de protesta.

Ante esta situación el disminuido caudillo opta como estrategia política de salvación por apostar a la amenaza de un supuesto “golpe de Estado” y su salida “anticonstitucional” del poder. Correa pretende aprovecharse de los traumas políticos del pasado, que persisten en el imaginario social, formulando una especie de chantaje a la conciencia ciudadana, invocando al fantasma de un supuesto quebrantamiento de la democracia que dañaría la imagen del país.

Por eso en la última sabatina a la vez que dio a entender que si bien la oposición contaba con apoyo popular (población desinformada y engañada según él), la “única manera de sacarme” del poder sería violando la constitución, elevando la beligerancia y confrontación de su discurso. Bajo este plan y estratagema estima que va a lograr cansar y desalentar las marchas y plantones ciudadanos, desarmar a los dirigentes de la oposición y de los sectores sociales, lo que le permitiría ganar tiempo y si tiene suerte ganar incluso las elecciones del 2017 gracias a su sumiso consejo electoral y el nuevo “sistema venezolano” de voto electrónico. En caso de que este plan A no resulte, cuenta por supuesto con un plan B, cual es el de precisamente provocar y aparentar un “supuesto golpe de estado” que sería presentado ante los ojos del mundo como su derrocamiento “inconstitucional”. Como sabemos, Correa es proclive al simulacro político y no tiene ningún escrúpulo en aparentar aunque sea burdamente un supuesto golpe de Estado con tal de cumplir su objetivo, como lo demostró durante los trágicos acontecimientos del 30 de septiembre del 2010. Desde su perspectiva maquiavélica, éste plan le permitiría argüir que fue victima de una conspiración internacional de la ultraderecha y el imperialismo, evadir la justicia, y gozar de su “patrimonio” y “departamento” en Bruselas, además de recibir el apoyo de su amplia red internacional chavista de “amigos” del socialismo del siglo XXI. Como buen populista oportunista esperaría el momento adecuado para volver por sus fueros a intentar cooptar con sus enormes recursos el poder político en el Ecuador. Cabe aclarar que Correa y sus asesores optaron por la estrategia descrita (plan A y B) luego de que los militares ecuatorianos, comprometidos con su tradición de no reprimir al pueblo en las calles, rechazaron su pedido de implantación del Estado de excepción.

Debemos añadir que la estrategia del político aparentemente frío y calculador no está exenta de exabruptos y drama, en especial en situaciones de crisis como la actual, dada su personalidad inestable, cambiante, en ocasiones delirante, y que genera contradicciones de manera recurrente. Es por eso que en estos días despojado de su “carismático” poder le resulta muy difícil fingir y no mostrarse tal como es en su fuero interno: como un dictadorzuelo asustado que presiente que el día de rendición de cuentas a la justicia podría estar muy cerca, y que no sabe si es el momento de correr o si debe continuar aparentando fortaleza en medio de la crisis. Esto ayuda a explicar sus múltiples cambios respecto de la ley de herencia, y plusvalía, su reciente llamado al “dialogo” con la sociedad, su relación oportunista con los empresarios, con la cúpula militar y la iglesia. Daba vergüenza ajena verlo en su último show mediático de los sábados agobiado de rabia e impotencia por el giro inusitado de los acontecimientos, frente a una audiencia de las redes clientelares gubernamentales que daba señales de aburrimiento y fastidio por su cansina retórica. En su alocución se comparó con quienes considera sus principales detractores políticos e invocó a los diversos sectores sociales para que los juzguen por no pagar impuestos. Casi implorando pidió que revisen y comparen las aportaciones de años recientes y pasados, como diciendo “no me juzguen a mi, hay dirigentes políticos iguales o más corruptos que yo”. Actitud audaz e impúdica pues todo el país conoce que la mayor corrupción proviene de Carondelet.

Lo acontecido en esta semana y la respuesta irresponsable del régimen de querer imponer su voluntad e intereses de grupo por encima de la voluntad popular determina un cambio radical de la agenda política nacional. Así, por ejemplo, en la nueva coyuntura ya no cabe plantear rectificación ni diálogo, pues no existe ni voluntad ni credibilidad en Correa y su camarilla, como lo han señalado varios dirigentes de distintos sectores. Resulta completamente obvio que la larga lista de reivindicaciones (rectificaciones) que la ciudadanía demanda: archivo definitivo de las leyes de herencia y plusvalía, archivo de las enmiendas constitucionales para aprobar la reelección, restablecer el aporte del 40% al seguro social, derogación del nuevo código del trabajo, devolución del Fondo de Pensiones del gremio de maestros, no pago de la nueva deuda ilegitima del gobierno correísta, término de la criminalización de la protesta social, fin de la explotación del Yasuní, no a la minería a cielo abierto, etc., etc., jamás serán aceptadas por el régimen despótico de Correa.

Afortunadamente, ante el panorama descrito que amenaza en sumir al país en la violencia e ingobernabilidad, se empiezan a multiplicar las voces de líderes políticos y de opinión que plantean la renuncia de Correa, como alternativa de solución democrática de la grave crisis política y económica, tal como lo prevé la constitución actual en su artículo 145 relativo a la terminación del mandato presidencial, conforme lo demanda la ciudadanía en las calles. Renuncia a la presidencia que debe ser acompañada por la del Vicepresidente Glass, y de todas las autoridades que conforman el Estado correísta. La renuncia del Presidente y miembros del gobierno impediría que Correa y su camarilla puedan evadir la justicia y evitaría que continúen destruyendo y endeudando ilegítimamente el país.

Cabe añadir a lo indicado que la institucionalidad democrática del país, en particular en lo que concierne a su andamiaje jurídico, su sistema de justicia, sus órganos de control, ha sido completamente contaminada y cooptada por el poder autocrático de Correa y su camarilla, lo que exige que la discusión sobre cómo resolver la terminación de la dictadura deba realizarse en el espacio meta constitucional, de los fundamentos y valores básicos de la sociedad democrática, del derecho a la resistencia y terminación del período presidencial consagrado en la constitución, y no en el espacio reducido y amañado de los mecanismos y reglamentos ilegítimos que forman parte del andamiaje jurídico de control del Estado autocrático.

Debemos estar conscientes que la restauración de la democracia debe construirse día a día. Nos espera un período de transición que debe iniciarse el mismo día de la salida constitucional de Correa mediante la conformación de una Junta de Notables, de hombres probos, de trayectoria transparente, que represente y refleje nuestra diversidad social, que asuma temporalmente el poder y convoque a una nueva Asamblea Constituyente y/o elecciones anticipadas, con un tribunal electoral diáfano.

 

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Cómo proceder (ó Qué hacer?)

Cómo proceder? (ó Qué hacer?)  (18 JUNIO 2015)

Por varios días consecutivos los ecuatorianos cansados de ocho años de atropellos exigen en las calles del país la salida de Rafael Correa al grito de “Fuera Correa, Fuera”.

No hace falta ser muy prolijo en el análisis de los contenidos de las expresiones de rechazo al régimen para darse cuenta que la población ya no guarda respeto alguno por el gobernante, y que el principio de autoridad, tan mentado por Correa para reprimir a la población, en detrimento de la gobernabilidad democrática, ha quedado completamente socavado.

La situación, como el propio gobierno lo ha reconocido, es muy grave y demanda una salida democrática que se enmarque en la voluntad popular y lo que la constitución contempla. Se han levantado voces indicando que Correa debe rectificar y terminar su período, con el argumento de que no se deben repetir los errores del pasado cuando se derrocó a varios presidentes, a fin de evitar el daño a la imagen internacional del país.

Hay otras voces, sin embargo, que consideran que hay argumentos de mucho más peso que inclinan la balanza a una salida constitucional de Rafael Correa como única forma de solucionar la actual crisis política. Fundamentalmente son tres razones a tomar en cuenta para que se opte por la terminación constitucional del gobierno de Correa. La primera tiene que ver con la destrucción de la democracia (incluyendo la violación de la actual constitución) y la violación de los derechos humanos, que han sido perpetradas por el régimen y que ha menoscabado nuestra imagen a nivel internacional. La segunda no menos importante es la gravedad de la situación económica en la que se encuentra el Ecuador, al borde de la desdolarización, fruto de la mala administración y la corrupción campeante del régimen correísta, a lo que se suma la galopante deuda pública interna y externa, sin precedentes en la historia nacional.

 

Pienso que en criterio de la mayoría de los ecuatorianos, el grito de “Fuera Correa, Fuera“ responde a la necesidad histórica de impedir que el daño sufrido por la democracia, los derechos humanos y la economía nacional se ahonde en lo que resta del periodo presidencial hasta el 2017. A esto se suma la amenaza de la reelección presidencial, con un tribunal electoral sumiso, y la continuación indefinida de la dictadura correísta. Es un lujo que el pueblo ecuatoriano intuye no puede permitirse en las actuales circunstancias cuando los destinos del país están en juego.

La tercera razón, que constituye una condición indispensable para la gobernabilidad y el desarrollo del País, es que la única manera de apaciguar el clima de intranquilidad nacional, de evitar enfrentamientos violentos que pudieran significar derramamiento de sangre, es mediante la salida constitucional de Rafael Correa como lo demanda la población. Esta podría tener lugar vía su renuncia y mediante el llamado a elecciones anticipadas, organizadas por un tribunal electoral conformado por ciudadanos probos.

En cuanto a la imagen internacional, la mayoría de los ecuatorianos están conscientes de que para recuperar nuestra auto estima y prestigio es necesario dar el ejemplo en la región, mediante la celebración de comicios libres y la elección de un nuevo gobierno democrático, cuya primera medida a nivel internacional deberá ser retirar el respaldo a la ignominiosa candidatura de Patricio Pazmiño, actual Presidente de la Corte Constitucional de Justicia de Rafael Correa, como miembro “electo” de la Corte Interamericana de Justicia.

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EL TREN ESTANCADO (JULIO 2014)

EL TREN ESTANCADO (JULIO 2014)

Guardando las enormes distancias históricas, además de ideológicas, económicas y sociales, el Ecuador de hoy me recuerda como si fuera ayer, los días surrealistas del “socialismo desarrollado” nombre con el que Leonid Breshnev anunciaba al mundo que la Unión Soviética había alcanzado una supuesta fase superior del Socialismo, con la que se superaba definitivamente el capitalismo occidental, y que fue la etapa previa al Glasnost de Gorbachov y la posterior caída estrepitosa de la URSS.

Desde el punto de vista del análisis teórico, el pomposo título no tenía ni pies ni cabeza, pues Marx y Engels concibieron el socialismo como un modo de producción mundial, global, y no como un sistema limitado dentro de un solo país (o grupo de países) como era el caso de la URSS. Para los precursores del socialismo,  en dicho modo de producción socialista mundial los hombres disfrutarían de gran bienestar, dada la generación de riqueza y alto grado de desarrollo tecnológico, cosa que sólo muy parcialmente se había logrado en el país de los soviets, en particular en ciencia y educación. El Estado (Marx lo veía como un instrumento de represión de una clase sobre otra) y las clases sociales no existirían, en vista de que la “dictadura del proletariado”  (denominada también como “período de transición del capitalismo al socialismo) se encargaría de hacerlos desaparecer. Según ellos, la fase posterior al socialismo, sería la del comunismo.

Desde el punto de vista del desarrollo económico, la supuesta superioridad del “socialismo desarrollado” soviético no sólo que contrastaba totalmente con la teoría marxista, sino también respecto de su contraparte del sistema capitalista. A través de un mercado negro creciente, en gran medida controlado por el propio Estado, los soviéticos podían constatar la superioridad de los productos occidentales, en todos los órdenes, respecto de los soviéticos de muy mala calidad, lo que se traducía en frustración y abonaba al creciente descontento por la falta de libertad en un régimen totalitario que empezaba a resquebrajarse.

Con el propósito de calmar la creciente insatisfacción de los ciudadanos,  desde finales de los 70 e inicios de los 80, sobre la base de la explotación de sus recursos naturales, el gobierno soviético inició un período de gasto sin precedentes en bienes importados que terminaron por minar la magra economía centralizada y la anticuada industria del “socialismo en un solo país”. De la noche a la mañana la nueva clase media rusa, altamente educada dentro de los límites de la austeridad revolucionaria, pero seducida por los niveles de  bienestar y consumo occidental, se lanzó a las calles con todos sus ahorros para comprar ropa, perfumes, pasta de dientes, jabón, champú, zapatos, electrónicos, licores, y todo producto importado que aparecía por primera vez en las repisas de los almacenes ( y no sólo en los boutiques “beriozka” de la élite comunista) como si realmente se hubiera alcanzado una nueva fase de desarrollo económico y social. Gracias a un acuerdo con Fiat, también sobre la base del extractivismo, se instalaron plantas industriales y se multiplicó el consumo en vehículos que nunca igualaron la calidad de la firma original. Dicho gasto improductivo, la baja productividad, el gasto en armamento de la guerra fría, y la falta de libertad, terminaron por producir la debacle y colapso de la República de los Soviets.

A pesar de la comprensible fiebre consumista de esos años, resultaba sin embargo paradójico y estimulante escuchar a los soviéticos comentar que las cosas no estaban bien, y que la importación de bienes era sólo una manera de calmar su sed de libertad e inconformidad con el sistema. Su protesta, sin embargo, en lugar de manifestarse en las calles, se hacía mediante bromas y chistes sobre el sistema. Una de ellas, muy popular por cierto, era la comparación de la sociedad soviética con un tren estancado, en el cual tanto el conductor, en este caso Breshnev con su politburó, como los pasajeros, es decir el pueblo soviético, aparentaban estar en marcha, tomando champan, disfrutando el momento y evitando ver la dura realidad económica y social.  Recuerdo asimismo, en mi trabajo como traductor en una institución soviética, los chistes que a manera de burla y protesta  se generaban cada vez que salía una noticia  sobre los supuestos títulos honoris causa y libros de Leonid Breshnev, parte de la tradición y propaganda estalinista del “culto a la personalidad”

Guardando como decía las distancias, entre un país subdesarrollado y pobre (en el sistema capitalista mundial) como el Ecuador, y una ex potencia militar y económica como lo fue la URSS, veo con una mezcla de tristeza y preocupación pero también de optimismo, repetirse un cuadro similar.

En base a los elementos teóricos señalados inicialmente, la sola idea de un “Socialismo del siglo XXI” dentro de los límites de los países bolivarianos no sólo que es impensable sino también ridícula. El socialismo desarrollado de Correa tiene varios nombres: del “socialismo del siglo XXI”, el del “milagro ecuatoriano” del “jaguar latinoamericano” el de la “revolución bolivariana y ciudadana”. La cruda realidad sin embargo es la de un país subdesarrollado que vive del extractivismo, que no cuenta con el capital humano adecuado para enfrentar los desafíos del siglo XXI, y cuyo régimen pretende ocultar la triste situación económico social con cifras maquilladas de reducción de una pobreza e inequidad social que es estructural, como es el caso de la supuesta creación de una gran “nueva clase media” de US 4 dólares diarios, con índices negativos en educación, empleo y  productividad.

Un gobierno que da pasos de ciego en cuanto a infraestructura, que habla de eficiencia energética en el área petrolera sin haber invertido ni modernizado el sector, sin haber iniciado siquiera la construcción de una nueva refinería, y que se jacta de producir energía renovable para exportación con la construcción de plantas hidroeléctricas, técnica y financieramente cuestionadas,  que destruyen la Amazonía. Un gobierno populista que gasta fortunas en repavimentar carreteras con fines electorales pero sin un plan vial para el desarrollo sustentable acorde a las necesidades y posibilidades del país. Régimen demagógico, que plantea una revolución educativa elitista, y un cambio de la matriz productiva, con astilleros,  industria siderúrgica, plantas petroquímicas, con centros de investigación en biotecnología, nanotecnología y demás tecnologías de punta que se producen en los centros de investigación de los países desarrollados de occidente, sin ninguna posibilidad real de que esto suceda en la escala requerida para el desarrollo nacional,  después de ocho años de gasto ineficiente y corrupción.

Un país cuyo gobierno ha fomentado el consumo improductivo, que se ha quedado sin dinero, que se ha gastado irresponsablemente el patrimonio nacional y que ahora para sostener su modelo autoritario populista acude al endeudamiento oneroso, y mendiga desesperado recursos en los mercados de capitales contra los que tanto despotricó, y que toma medidas para obligar al sector privado y al ciudadano común a entregarle sus recursos para supuestamente impulsar el desarrollo nacional.

Con relación a los personajes de la camarilla, el propio aparato propagandístico gubernamental se ha encargado de descartar cualquier intención altruista o disquisición filosófica que valga la pena, y por el contrario insiste en resaltar una propuesta tecno populista, de corte fascista, que en su ejercicio diario revela su mentalidad de nuevos ricos lumpen en el poder, escoria del capitalismo subdesarrollado, caracterizada por una cultura de tablado arrabalero, de afición por el circo politico y el discurso procaz, alrededor de la cual se ha instaurado un modelo antidemocrático y corrupto que degrada a la sociedad.

Mas allá de las diferencias y similitudes, como en la era de Breshnev en la URSS, hoy en el Ecuador estamos llegando al fin de la burbuja consumista, inflada por gasto populista irresponsable del correísmo, y comenzamos a presenciar  una nueva forma protesta a través del humor. En  artículos, caricaturas, en los programas de comedias, luego en las redes, videos de YouTube, en las conversaciones en el taxi, en el bus, en los corredores de las instituciones, en la tienda, en las casas, muchas veces en voz baja pero en aumento,  el rechazo con ironía al correísmo se multiplica. Pronto la figura de un tren que aparenta estar marcha, embriagado por el champagne,  pero que está estancado no podrá servir a la camarilla autoritaria para controlar el descontento popular que saldrá a expresarse con fuerza a las calles. Esperemos sin embargo que en la próxima etapa de la política ecuatoriana no venga un Boris Yeltsin “salvador” y “privatizador” de la Patria, del propio Alianza País, a pretender otra vez refundarnos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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LA VICTORIA DE LA OPOSICION (26 Febrero 2014)

LA VICTORIA DE LA OPOSICION (26 Febrero 2014)

 La victoria electoral de varios de los candidatos de la oposición en las más importantes ciudades del Ecuador, renueva la esperanza de que el país recupere pronto la democracia secuestrada por el gobierno autoritario de Rafael Correa.

La contundente votación nacional de rechazo a los candidatos oficialistas escogidos personalmente por Correa pareciera señalar que la ciudadanía se hartó de la agresión y degradación moral generada por un sector minoritario de la sociedad, que durante siete años se las amañó para imponer , en base al chantaje y la propaganda, su visión intolerante y antidemocrática de la política a un colectivo mayoritario, multidiverso social y culturalmente.

Rechazo de multiples sectores acumulado durante varios años contra la élite de una nueva burguesía y pequena burguesía lumpen, que lucra del Estado, que se aprovechó del malestar social producto de la falta de educación, pobreza y  exclusión,  para promover un modelo totalitario, sobre la base de viejas prácticas clientelares, demolición de la fragil institucionalidad democrática,  y políticas “civilizatorias” del siglo anterior que atentan contra la dignidad del ser humano.

Rechazo de una parte significativa de la población, incluidos muchos jóvenes, a un modelo económico insostenible de destrucción de la naturaleza, de endeudamiento irresponsable y fomento del consumismo, ejes de la política populista; que después de años de despilfarro demagógico de ingentes recursos petroleros mantiene al país en el subdesarrollo y sin mejorías sustanciales en términos de níveles de educación y productividad. A lo que se añade el repudio a una reforma educativa conservadora y elitista, destinada al fracaso  mientras no se considere al conjunto de la sociedad y no se fomente la libertad de expresión, esencial para desarrollar el pensamiento crítico y la creatividad.

Modelo de desarrollo irreal que plantea la profundización del extractivismo y  la industrialización a corto plazo como mecanismo para el “progreso”,  en un país  cuya riqueza radica precisamente en su biodiversidad; al tiempo que en los círculos académicos del mundo desarrollado se discuten las alternativas para sustituir el obsoleto paradigma decimonónico del desarrollo industrial como sinónimo de progreso. Hecho que se torna indispensable para enfrentar los efectos devastadores del cambio climático.

Rechazo finalmente a la política exterior,  de alianzas del régimen correísta con otras “dictaduras modernas” y potencias totalitarias “exitosas”; para defender sus intereses de grupo a nivel internacional con el concurso de una “red de amigos” financiados por la “revolución”. 

Política internacional que averguenza a los ecuatorianos, y que tiene como estrategia principal el ataque contra el Sistema de Derechos Humanos a fin de ejercer la represión sin tener que rendir cuentas cuando el pueblo salga a las calles, como ocurre en Venezuela

Publicado en Artículos de Gustavo Palacio | Deja un comentario